Calaveritas literarias para Brandon
A Brandon siempre le toca correr, ya sea tras el camión o tras la patineta, y la flaca no le sigue el paso. Estas calaveritas lo alcanzan en el pizarrón, en el altar de su salón, en el parque y hasta en el trabajo. Van bien para leerlas en voz alta el Día de Muertos.
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Brandon en el pizarrón
Brandon pasó al pizarrón
con las manos bien heladas;
se olvidó de la lección
y de todas las jugadas.
La calaca, en la ventana,
le sopló la solución;
se la dijo con voz llana
y sin pedir comisión.
Brandon dijo la respuesta
con la voz de gran señor;
y la maestra, muy dispuesta,
le aplaudió con mucho honor.
La calaca, satisfecha,
se salió por el portón;
y le dijo, muy derecha:
-Nos veremos, campeón.
Brandon y el altar del salón
Brandon picó su papel
para el altar del salón;
le quedó como un pastel
de color y de cartón.
Puso velas y cazuela,
pan de muerto y calaveras,
y la foto de su abuela
con sus trenzas verdaderas.
La calaca se asomó
y se puso a suspirar;
el altar le recordó
su manera de guisar.
-Está bonito, chamaco
-le dijo desde el rincón-;
esta noche no te saco,
solo vengo de rondón.
Brandon, el más chico
Brandon, güerco consentido,
el más chico del montón,
no hay cariño más crecido
que el que guardo en mi rincón.
La huesuda anda de ronda
por la calle, sin apuro;
pero aquí, tras esta fronda,
Brandon duerme bien seguro.
Le puse su calavera
con el nombre bien pintado,
su tamal y su bandera
y el juguete más amado.
Y si acaso la pelona
te convida a caminar,
dile: -Guarde, mi patrona,
que me falta mucho andar.
Brandon y el camión
Brandon persigue el camión
cada santa madrugada;
y lo pierde de a montón
por la esquina de la entrada.
Un día lo iba alcanzando
cuando vio, junto al asiento,
a la flaca, saludando
con su boleto y su aliento.
Brandon frenó de repente
y se quedó en la banqueta;
prefirió quedar pendiente
que subir a esa carreta.
Desde entonces va temprano,
caminando, sin apuro;
la Catrina, con la mano,
le hace adiós desde el oscuro.
Brandon y la patineta
Brandon anda en patineta
por la rampa principal;
da una vuelta bien completa
y aterriza en el rosal.
La Catrina se subió
a probar la patineta;
se empujó, se resbaló
y voló como cometa.
Cayó encima de un rosal
y quedó toda espinada;
se paró, dijo: -Igual,
esto no me quita nada.
Brandon le enseñó a frenar
y le dio sus rodilleras;
ahora la puedes mirar
patinando en las aceras.
Brandon y las flores
Brandon consiguió trabajo
de repartidor de flores;
anda arriba y anda abajo
entre tumbas y colores.
La Catrina le pidió
dos coronas y un ramito;
Brandon se las entregó
sin cobrar ni un centavito.
Ella quiso darle un premio:
-Te regalo cien mil años;
Brandon dijo, sin apremio:
-Mejor pague sin engaños.
La Catrina abrió el morral
y sacó puro botón;
y Brandon le fió el total
y hoy le debe hasta el cajón.
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