Calaveritas literarias para Beatriz
Beatriz contesta a Bety desde la primaria, y con ese apodo la trae apuntada la calaca. Estos versos llevan su nombre y traen risa de la de diario. Van bien en el altar, en la oficina o donde se junte la familia.
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Bety y la tabla del siete
Betita va a segundo año
con sus trenzas y su risa;
y no teme a nada extraño
y aprende con mucha prisa.
La calaca, en la ventana,
la miraba con antojo:
-Me la llevo en la mañana
aunque llore y ponga enojo.
Bety alzó su cuadernito
y le dijo con razón:
-Me responde este solito
y me voy sin discusión.
Era la tabla del siete
y la muerte se atoró;
hoy la estudia en su machete
y a Betita no llevó.
Bety, mi comadre
Bety, mi comadre buena,
la que quita cualquier pena;
la que llega de repente
con tamales y con gente.
Vino a verte la pelona
con su lista y su corona;
yo le dije: -Está ocupada,
vuelva usted por la posada.
Aguardó todo diciembre
y también todo noviembre;
le pusieron su buen ponche
y una torta para el lonche.
Se le fue el año completo
sin cumplir con su decreto;
hoy es parte de la casa
y hasta el trapo nos repasa.
Bety en la recepción
Bety cuida el mostrador
con su lista y buen humor;
llegó la flaca sin cita
y con ganas de visita.
-Yo no espero, yo me paso,
que a la muerte no hay retraso;
vengo por el del catorce
y me voy antes de doce.
Bety le pidió el registro
y una firma del ministro;
gafete, comprobación
y un talón del pabellón.
La flaca llenó papeles
y formatos por niveles;
cuando al fin la autorizaron
ya del piso se mudaron.
La nieve de Bety
Bety vende nieve fría
de limón y de sandía;
llegó la muerte sudada
de tanto andar de jornada.
-Deme un barquillo doblado
con dos bolas bien colmado;
que ando con un calorón
desde el mero panteón.
Bety le sirvió el barquillo
bien colmado y amarillo;
la calaca le entró recio
sin fijarse ni en el precio.
Le dio un frío en la quijada
y quedó descuadernada;
hoy no sale del portal
por miedo al frío final.
El ropero de la flaca
Bety cepilla el pinito
y le hace un mueble bonito;
llegó la muerte al taller
con un plano que hizo ayer.
-Hágame usted un ropero
donde quepa el mundo entero;
que la ropa no me cabe
y el rebozo ya lo sabe.
Bety midió los tablones
y le puso los cajones;
el ropero quedó fino
con espejo y con buen tino.
Se metió la muerte adentro
a acomodar hasta el centro;
Bety cerró de un portazo
y le dio un año de plazo.
Bety pita el partido
Bety pita allá en la cancha
y no le sale una mancha;
llegó la muerte a jugar
sin zapatos ni lugar.
Metió mano en el balón
y empujó a todo el montón;
Bety le sacó amarilla
y la mandó hasta la orilla.
La flaca siguió de necia
y a los otros los desprecia;
Bety le sacó la roja
y la muerte hasta se enoja.
La expulsaron del partido
y quedó fuera y sin ruido;
mientras cumple su castigo
nadie se va, se los digo.
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