Calaveritas literarias para Beatriz

Beatriz contesta a Bety desde la primaria, y con ese apodo la trae apuntada la calaca. Estos versos llevan su nombre y traen risa de la de diario. Van bien en el altar, en la oficina o donde se junte la familia.

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Bety y la tabla del siete

Betita va a segundo año con sus trenzas y su risa; y no teme a nada extraño y aprende con mucha prisa. La calaca, en la ventana, la miraba con antojo: -Me la llevo en la mañana aunque llore y ponga enojo. Bety alzó su cuadernito y le dijo con razón: -Me responde este solito y me voy sin discusión. Era la tabla del siete y la muerte se atoró; hoy la estudia en su machete y a Betita no llevó.

Bety, mi comadre

Bety, mi comadre buena, la que quita cualquier pena; la que llega de repente con tamales y con gente. Vino a verte la pelona con su lista y su corona; yo le dije: -Está ocupada, vuelva usted por la posada. Aguardó todo diciembre y también todo noviembre; le pusieron su buen ponche y una torta para el lonche. Se le fue el año completo sin cumplir con su decreto; hoy es parte de la casa y hasta el trapo nos repasa.

Bety en la recepción

Bety cuida el mostrador con su lista y buen humor; llegó la flaca sin cita y con ganas de visita. -Yo no espero, yo me paso, que a la muerte no hay retraso; vengo por el del catorce y me voy antes de doce. Bety le pidió el registro y una firma del ministro; gafete, comprobación y un talón del pabellón. La flaca llenó papeles y formatos por niveles; cuando al fin la autorizaron ya del piso se mudaron.

La nieve de Bety

Bety vende nieve fría de limón y de sandía; llegó la muerte sudada de tanto andar de jornada. -Deme un barquillo doblado con dos bolas bien colmado; que ando con un calorón desde el mero panteón. Bety le sirvió el barquillo bien colmado y amarillo; la calaca le entró recio sin fijarse ni en el precio. Le dio un frío en la quijada y quedó descuadernada; hoy no sale del portal por miedo al frío final.

El ropero de la flaca

Bety cepilla el pinito y le hace un mueble bonito; llegó la muerte al taller con un plano que hizo ayer. -Hágame usted un ropero donde quepa el mundo entero; que la ropa no me cabe y el rebozo ya lo sabe. Bety midió los tablones y le puso los cajones; el ropero quedó fino con espejo y con buen tino. Se metió la muerte adentro a acomodar hasta el centro; Bety cerró de un portazo y le dio un año de plazo.

Bety pita el partido

Bety pita allá en la cancha y no le sale una mancha; llegó la muerte a jugar sin zapatos ni lugar. Metió mano en el balón y empujó a todo el montón; Bety le sacó amarilla y la mandó hasta la orilla. La flaca siguió de necia y a los otros los desprecia; Bety le sacó la roja y la muerte hasta se enoja. La expulsaron del partido y quedó fuera y sin ruido; mientras cumple su castigo nadie se va, se los digo.

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