Calaveritas literarias para Blanca
Blanca es de las que atienden a todo el mundo y nunca se sientan. La huesuda ya le cayó en el hospital, en el taller de costura, en el puesto de flores y en la tiendita de la esquina, y de todas salió debiendo. Aquí van unos versos para dedicárselos el Día de Muertos.
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Blanca y su cuaderno
Blanca escribe en su cuaderno
con su lápiz de color;
dibujó todo el invierno
y a la flaca alrededor.
La calaca se salió
del dibujo, muy contenta;
a la clase se metió
y se puso a hacer la cuenta.
No sabía ni sumar
y Blanca le dio la mano;
hoy la flaca va a estudiar
y se forma bien temprano.
Mi abuela Blanca
Mi abuela Blanca tejía
bufandas para el invierno;
y en la sala nos ponía
café con un pan muy tierno.
Vino la flaca a buscarla
con su rebozo de luto;
mi abuela, sin regañarla,
le tejió un gorro al minuto.
La huesuda, agradecida,
se llevó el gorro de lana;
se olvidó de su venida
y volvió por la mañana.
Blanca de blanco
Blanca pone la inyección
sin que duela ni un poquito;
y te da su bendición
con un dulce y un besito.
Entró la flaca al pasillo
con su lista de pacientes;
Blanca le cerró el portillo
y le contó hasta los dientes.
Le midió la calentura
y no le encontró ninguna;
la mandó a la sala oscura
a esperar turno y fortuna.
Blanca y su dedal
Blanca es buena costurera
con su aguja y su dedal;
hace vestido y pollera
para fiesta y funeral.
Llegó la flaca a probarse
un vestido con holanes;
pero no pudo abrocharse
por sus huesos tan galanes.
Blanca le tomó medida
costillita por costilla;
y hoy la muerte, muy lucida,
sale a misa de mantilla.
Blanca y sus flores
Blanca vende puras flores
de noviembre a la mañana;
cempasúchil de colores
y alhelí para su hermana.
Llegó la flaca al puestito
a pedir para su altar;
Blanca le formó un ramito
y le cobró sin dudar.
La calaca no traía
más que polvo y un botón;
hoy le barre todo el día
y le debe hasta el cajón.
Blanca la de la tienda
Blanca atiende la tiendita
desde el alba hasta las diez;
fía sal, fía harinita
y te apunta cada vez.
Llegó la flaca a la tienda
por un kilo de frijol;
dijo: -Apunte, que es mi ofrenda,
le pago al caer el sol.
Blanca sacó su libreta
y le anotó lo del fiado;
hoy la muerte, muy discreta,
no se lleva ni un mandado.
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