Calaveritas literarias para Bianca
Bianca no se arruga con nadie, ni con la que llega sin avisar. La Catrina la ha buscado en el salón de belleza, en el puesto de tamales, en la oficina y hasta subida en su taxi, y siempre acaba debiéndole algo. Aquí van calaveritas para dedicarle en Día de Muertos.
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Bianca en la banca
Bianca se sentó en la banca
con su suéter y bata blanca;
la calaca se acercó
y a su lado se sentó.
Le pidió su sacapuntas
y también hizo preguntas;
Bianca le explicó la suma
con paciencia y con su pluma.
La calaca ya sumó
y contenta se marchó;
olvidó lo que anotaba
y en la banca se quedaba.
Bianca, mamá de tres
Bianca es la mamá de tres
y no para en todo el mes;
vino la flaca a llevarla
pero no supo esperarla.
Traía prisa la flaca
y Bianca sacó la hamaca;
la sentó, le dio un café
y contó todo el porqué.
Le habló de sus tres hijitos,
de sus sueños, sus ratitos;
la flaca se fue llorando
y hoy le ayuda cocinando.
Bianca y las tijeras
Bianca peina y hace tinte
y le atina a cada cliente;
la Catrina fue a pintarse
pa' poder enamorarse.
Bianca le miró la testa
y le dijo: -Esto no es fiesta;
aquí falta hasta raíz,
y ni un pelo de matiz.
Le vendió una peluquita
y una crema muy carita;
hoy la flaca anda de rizos
y debiendo tres postizos.
Bianca y sus tamales
Bianca vende sus tamales
verdes, rojos y especiales;
la Catrina se paró
y toditos se llevó.
Se comió los de rajita
y los de salsa exquisita;
al pagar sacó un pañuelo
con tres pesos del abuelo.
Bianca le cobró completo
sin descuento y sin secreto;
hoy la flaca vende atole
y le muele para el mole.
Bianca en la oficina
Bianca manda en la oficina
y ni el jefe la domina;
la Catrina fue a pedir
una cita pa' morir.
Bianca abrió la agenda entera
y le dijo: -Espere fuera;
que hay quinientos por delante
y usted llega muy campante.
Le dio ficha y su turnito
con la fecha por escrito;
hoy la flaca sigue en fila
y la agenda ella vigila.
Bianca al volante
Bianca lleva pasajeros
desde el alba a los luceros;
la Catrina la paró
y al panteón se enfiló.
Iba y venía sin fin
desde el centro hasta el confín;
el taxímetro subía
y la flaca ni veía.
Al bajarse en el portón
sacó apenas un tostón;
Bianca le dejó la cuenta
y hoy la flaca es su sirvienta.
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