Calaveritas literarias para Axel
Axel es de los que no se dejan, ni de la maestra ni de la huesuda. Estas calaveritas lo agarran con los colores, en la kermés, con su perro dormilón y hasta debajo de las cobijas. Léelas en la ofrenda o dedícaselas al Axel que tú conoces.
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Axel y la libreta
Axel pinta en la libreta
monigotes de color;
llenó toda una carpeta
con dibujos de terror.
Le dibujó a la Catrina
con vestido de papel;
ella vino a la cortina
y le dijo: -Soy yo, Axel.
Axel se quedó pasmado,
se le cayeron los gises;
la calaca, de buen grado,
le pidió que la matices.
Pintó flores en sus huesos
y estrellitas en el velo;
la Catrina, entre bostezos,
se fue volando hasta el cielo.
Axel en la kermés
Axel se fue a la kermés
con diez pesos en la mano;
se compró un pastel después
y un raspado de verano.
La calaca hizo la fila
con su bolsa de canicas;
Axel, que es de buena pila,
le prestó monedas chicas.
Compraron un algodón
y jugaron a los dados;
ganaron un tiburón
de peluche, muy pelados.
La calaca se fue alegre
con su premio bajo el brazo;
y le dijo: -Cuando llegue,
te convido otro pedazo.
Axel, amigo del alma
Axel, amigo del alma,
compañero de banqueta,
tú me diste siempre calma
con tus chistes de libreta.
La huesuda te buscaba
por la calle y la azotea;
y contigo no lograba
ni empezar una pelea.
Hoy te puse en el altar
tu refresco y tu tostada,
y una vela para andar
de regreso a la enramada.
Y si tienes que volverte
con la flaca de la mano,
vuelve pronto, que la suerte
aquí sigues siendo hermano.
Axel y la verdura
Axel odia la verdura,
no le pasa ni el ejote;
le da vueltas con soltura
y lo esconde en el bigote.
Llegó la flaca a la mesa
con un plato de nopales:
-Si te acabas la sorpresa
te perdono de los males.
Axel se comió el nopal,
tres ejotes y un pepino;
la huesuda, sin igual,
le aplaudió desde el camino.
Pero Axel, muy ladinito,
lo guardó en la servilleta;
y la flaca, sin un grito,
se fue sola en su carreta.
Axel y su perro flojo
Axel tiene un perro flaco
que no ladra ni de broma;
se la pasa como saco
tirado sobre la loma.
Llegó la flaca al zaguán
sin tocar ni saludar;
el perrito, muy galán,
ni se quiso levantar.
La Catrina se enredó
con la cola del durmiente;
se cayó, se despeinó
y rodó por la pendiente.
Axel salió del ruidazo
y la vio de panza al cielo;
le ofreció hasta un abrazo
y un café para el consuelo.
Axel y la cobija
Axel nunca se levanta
aunque el gallo cante fuerte;
ni con agua ni con manta
lo levanta ni la muerte.
La huesuda lo intentó
un domingo bien temprano;
lo jaló, lo sacudió,
y él roncó como un marrano.
Le gritó por el oído,
le quitó la cobijita;
Axel, medio adormecido,
le pidió media horita.
La Catrina se aburrió,
se acostó junto al ropero;
y de tanto se durmió:
Axel ganó el año entero.
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