Calaveritas literarias para Ariadna
Ariadna tiene nombre largo y paciencia corta para las tonterías. La Catrina la ha ido a buscar con la cámara, con la calculadora, entre las mesas de la fonda y hasta en el consultorio, y siempre acaba saliendo con receta. Aquí van calaveritas para dedicarle en noviembre.
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Ariadna y sus colores
Ariadna pinta un dibujo
de la muerte, sin embrujo;
la Catrina se asomó
y el retrato le gustó.
Le pidió que la pintara
más bonita y menos rara;
Ariadna sacó sus gises
y le puso cien matices.
Quedó tan bonita y bella
que se fue mirándose ella;
olvidó por qué venía
y hoy retrata todo el día.
Ariadna, mi amiga
Ariadna es mi gran amiga
y me aguanta lo que diga;
vino la flaca por ella
un noviembre, con su estrella.
Yo le dije: -Está ocupada,
que me debe una llamada;
y la muerte se sentó
a esperarla se quedó.
Ariadna llegó corriendo
con dos cafés y sonriendo;
le sirvió uno a la Catrina
y hoy la espera en la cantina.
Ariadna y su cámara
Ariadna toma las fotos
de bautizos y alborotos;
la Catrina fue a posar
para un retrato de altar.
Se peinó, se puso flores
y un rebozo de colores;
pero al salir la impresión
no salió ni su calzón.
Ariadna le echó más luz
y la puso ante una cruz;
la calaca sale hermosa
y hoy cobra por ser famosa.
Ariadna saca cuentas
Ariadna saca las cuentas
de las nóminas y las ventas;
la Catrina la buscó
porque nunca declaró.
Le encontró treinta mil muertos
sin registrar y encubiertos;
le salió un adeudo enorme
y le armó todo un informe.
La flaca pidió un descuento
y le dijo: -Aquí no hay cuento;
hoy la flaca paga a plazos
y le cobra por pedazos.
Ariadna en la fonda
Ariadna sirve comida
con la sopa bien servida;
la Catrina se sentó
y el menú se devoró.
Se comió doce guisados
con dos platos bien colmados;
cuando vino ya la cuenta
puso cara de tormenta.
Ariadna le dio la nota
y también la propinota;
hoy la flaca trae mandil
y trapea hasta el candil.
Ariadna en el consultorio
Ariadna toma presión
y receta sin sermón;
la Catrina fue a consulta
con la queja más oculta.
Le dolía la osamenta
desde el año de sesenta;
Ariadna la revisó
y ni un músculo encontró.
Le mandó calcio y reposo
y un jarabe muy sabroso;
la flaca quedó de encanto
y hoy la cuida el día santo.
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