Calaveritas literarias para Ariadna

Ariadna tiene nombre largo y paciencia corta para las tonterías. La Catrina la ha ido a buscar con la cámara, con la calculadora, entre las mesas de la fonda y hasta en el consultorio, y siempre acaba saliendo con receta. Aquí van calaveritas para dedicarle en noviembre.

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Ariadna y sus colores

Ariadna pinta un dibujo de la muerte, sin embrujo; la Catrina se asomó y el retrato le gustó. Le pidió que la pintara más bonita y menos rara; Ariadna sacó sus gises y le puso cien matices. Quedó tan bonita y bella que se fue mirándose ella; olvidó por qué venía y hoy retrata todo el día.

Ariadna, mi amiga

Ariadna es mi gran amiga y me aguanta lo que diga; vino la flaca por ella un noviembre, con su estrella. Yo le dije: -Está ocupada, que me debe una llamada; y la muerte se sentó a esperarla se quedó. Ariadna llegó corriendo con dos cafés y sonriendo; le sirvió uno a la Catrina y hoy la espera en la cantina.

Ariadna y su cámara

Ariadna toma las fotos de bautizos y alborotos; la Catrina fue a posar para un retrato de altar. Se peinó, se puso flores y un rebozo de colores; pero al salir la impresión no salió ni su calzón. Ariadna le echó más luz y la puso ante una cruz; la calaca sale hermosa y hoy cobra por ser famosa.

Ariadna saca cuentas

Ariadna saca las cuentas de las nóminas y las ventas; la Catrina la buscó porque nunca declaró. Le encontró treinta mil muertos sin registrar y encubiertos; le salió un adeudo enorme y le armó todo un informe. La flaca pidió un descuento y le dijo: -Aquí no hay cuento; hoy la flaca paga a plazos y le cobra por pedazos.

Ariadna en la fonda

Ariadna sirve comida con la sopa bien servida; la Catrina se sentó y el menú se devoró. Se comió doce guisados con dos platos bien colmados; cuando vino ya la cuenta puso cara de tormenta. Ariadna le dio la nota y también la propinota; hoy la flaca trae mandil y trapea hasta el candil.

Ariadna en el consultorio

Ariadna toma presión y receta sin sermón; la Catrina fue a consulta con la queja más oculta. Le dolía la osamenta desde el año de sesenta; Ariadna la revisó y ni un músculo encontró. Le mandó calcio y reposo y un jarabe muy sabroso; la flaca quedó de encanto y hoy la cuida el día santo.

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