Calaveritas literarias para Araceli

Araceli tiene el don de aparecerse justo cuando hace falta, y eso a la flaca le descuadra los planes. Estos versos son para la ofrenda, para el salón o para el convivio del trabajo.

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Araceli y la cuerda

Araceli va corriendo cuando suena la campana; va la cuerda sacudiendo y saltando en la mañana. Se metió a la cuerda un hueso, mejor dicho, calaquita; brincó y brincó sin regreso y perdió una costillita. Chelí le buscó el huesito entre el polvo y la arenilla; se lo puso muy bonito en su sitio, en la costilla. La calaca, agradecida, ya no quiso el panteón; se quedó toda la vida brincando en aquel rincón.

Chelí, la del alma grande

Chelí llega sin aviso con su pan y su permiso; no pregunta qué pasó, nada más se acomodó. Vino la flaca a la casa con su lista y su tenaza; tocó fuerte en el portón y salió Chelí al balcón. -Pásele, y tome su asiento, que aquí sobra el alimento; le sirvió su café de olla y tamal con su cebolla. La huesuda, ya sentada, no se acuerda ya de nada; se durmió junto al brasero y ahí sigue el año entero.

Chelí la elotera

Chelí vende elotes tiernos en la esquina del jardín; aguantando los inviernos con su olla y con su trajín. Se formó la calaquita pidiendo un elote entero: -Con mayonesa y limita, chile en polvo y queso, quiero. Chelí le sirvió el elote, bien untado y bien picoso; le echó chile hasta el cogote y quedó el hueso lloroso. La huesuda echaba lumbre, pidió agua y ni así bastó; se olvidó de la costumbre y otro elote se pidió.

Araceli la secretaria

Araceli tiene todo acomodado a su modo: el archivo, la libreta y el café con su galleta. Se coló la calavera al despacho, la primera: -Vengo a ver al licenciado, que ya tiene su llamado. -Sin su cita no se pasa, ni el que viene de otra casa; tome asiento en la salita y le apunto aquí su cita. La huesuda esperó un año, dos, y tres, sin ningún daño; y hasta hoy sigue en la salita esperando aquella cita.

Chelí y las mascotas

Chelí baña a los perritos, los recorta y los perfuma; les hace moños bonitos y un copete como espuma. La Catrina le llevó su perrito desgreñado: -Ni la lluvia lo lavó ni el peine me lo ha domado. Chelí lo metió a la tina con espuma perfumada; lo talló con mano fina y le dio buena peinada. Salió el perro tan bonito, con su moño y su listón, que la muerte, en un ratito, olvidó su comisión.

Araceli la mecánica

Araceli sabe todo del motor y de su modo; con la llave y con la grasa te compone la carcasa. Llegó la flaca empujando su carcacha, y resollando: -Ya no anda, ya no me arranca, y a cada rato se atranca. Araceli le apretó la tuerca que se soltó; le cambió banda y bujía y quedó como aquel día. Arrancó la calavera y agarró la carretera; muy a gusto iba cantando y el encargo fue olvidando.

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