Calaveritas literarias para Araceli
Araceli tiene el don de aparecerse justo cuando hace falta, y eso a la flaca le descuadra los planes. Estos versos son para la ofrenda, para el salón o para el convivio del trabajo.
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Araceli y la cuerda
Araceli va corriendo
cuando suena la campana;
va la cuerda sacudiendo
y saltando en la mañana.
Se metió a la cuerda un hueso,
mejor dicho, calaquita;
brincó y brincó sin regreso
y perdió una costillita.
Chelí le buscó el huesito
entre el polvo y la arenilla;
se lo puso muy bonito
en su sitio, en la costilla.
La calaca, agradecida,
ya no quiso el panteón;
se quedó toda la vida
brincando en aquel rincón.
Chelí, la del alma grande
Chelí llega sin aviso
con su pan y su permiso;
no pregunta qué pasó,
nada más se acomodó.
Vino la flaca a la casa
con su lista y su tenaza;
tocó fuerte en el portón
y salió Chelí al balcón.
-Pásele, y tome su asiento,
que aquí sobra el alimento;
le sirvió su café de olla
y tamal con su cebolla.
La huesuda, ya sentada,
no se acuerda ya de nada;
se durmió junto al brasero
y ahí sigue el año entero.
Chelí la elotera
Chelí vende elotes tiernos
en la esquina del jardín;
aguantando los inviernos
con su olla y con su trajín.
Se formó la calaquita
pidiendo un elote entero:
-Con mayonesa y limita,
chile en polvo y queso, quiero.
Chelí le sirvió el elote,
bien untado y bien picoso;
le echó chile hasta el cogote
y quedó el hueso lloroso.
La huesuda echaba lumbre,
pidió agua y ni así bastó;
se olvidó de la costumbre
y otro elote se pidió.
Araceli la secretaria
Araceli tiene todo
acomodado a su modo:
el archivo, la libreta
y el café con su galleta.
Se coló la calavera
al despacho, la primera:
-Vengo a ver al licenciado,
que ya tiene su llamado.
-Sin su cita no se pasa,
ni el que viene de otra casa;
tome asiento en la salita
y le apunto aquí su cita.
La huesuda esperó un año,
dos, y tres, sin ningún daño;
y hasta hoy sigue en la salita
esperando aquella cita.
Chelí y las mascotas
Chelí baña a los perritos,
los recorta y los perfuma;
les hace moños bonitos
y un copete como espuma.
La Catrina le llevó
su perrito desgreñado:
-Ni la lluvia lo lavó
ni el peine me lo ha domado.
Chelí lo metió a la tina
con espuma perfumada;
lo talló con mano fina
y le dio buena peinada.
Salió el perro tan bonito,
con su moño y su listón,
que la muerte, en un ratito,
olvidó su comisión.
Araceli la mecánica
Araceli sabe todo
del motor y de su modo;
con la llave y con la grasa
te compone la carcasa.
Llegó la flaca empujando
su carcacha, y resollando:
-Ya no anda, ya no me arranca,
y a cada rato se atranca.
Araceli le apretó
la tuerca que se soltó;
le cambió banda y bujía
y quedó como aquel día.
Arrancó la calavera
y agarró la carretera;
muy a gusto iba cantando
y el encargo fue olvidando.
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