Calaveritas literarias para Antonio

Antonio, o Toño para los que lo quieren, tiene mano para todo y por eso la huesuda siempre encuentra pretexto para volver. Estos versos van para leerlos en el altar, en el taller o en la comida de noviembre.

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Toño y sus crayolas

Antonio pinta un dibujo de una fiesta con colores; pone flores, pone lujo y dos perros veladores. Una calaca curiosa se asomó por la ventana: -Yo también quiero una rosa y un sombrero de campana. Toño le prestó el pincel, le pintó su calavera, con dos ojos de papel y una risa placentera. Quedó tan bonito el cuadro que colgaron en el muro, y la flaca, en el recuadro, se quedó en su marco duro.

Toño, tío de la casa

Toño, tío de la casa, el que llega con historias, el que todo lo repasa con sus dichos y memorias. Si la flaca lo buscara por la puerta del zaguán, le pidiera que esperara y le diera de mi pan. Que se quede de visita, que oiga bien lo que él relata, que se ría de la cita y que olvide hasta la plata. Cuando salga la Catrina con el gallo de la aurora, se irá sola a su colina y tú te quedas ahora.

Toño el plomero

Antonio compone fugas con su llave y su cubeta; del caño saca lechugas, un zapato y la peineta. La Catrina lo llamó por un tubo reventado: -Todo el río se soltó y quedó todo anegado. Toño llegó con su caja, soldadura y coladera; cortó el tubo por la raja y selló de gran manera. Quedó seco el camposanto, sin gotera ni charquito, y la flaca, con encanto, le pagó con un ratito.

Toño el carpintero

Antonio lija maderas y les saca su color; hace mesas y escaleras con paciencia y con amor. Le encargó la calavera una caja a su medida: -Que la quiero muy ligera, con manija y con salida. Toño le talló un ropero con espejo y cajoncitos, y un baúl con mucho esmero pa colgar sus vestiditos. Se acomodó la Catrina su ropero y su baúl, y de tanto que se afina ya no sale ni al azul.

Toño el jardinero

Antonio riega el jardín de la plaza del pueblito; siembra rosas y jazmín y un naranjo chaparrito. La Catrina fue a cortar cempasúchil pa su fiesta: -Vengo, y me voy a llevar al que cuida esta floresta. Toño le llenó un morral de flor de muerto amarilla, y un manojo de nopal, y un puñito de semilla. La flaca sembró aquel huerto y le salieron mil flores; y hoy anda con el injerto presumiendo sus olores.

Toño el del camión

Antonio lleva el camión de la ruta del mercado; lleva gente de a montón con el pasillo apretado. Se trepó la calavera sin pagar el pasajito: -Vengo, y no soy pasajera, vengo por un angelito. Toño le cobró el boleto, le pidió que se sentara; y en el hueco más completo la sentó hasta que bajara. Con el tráfico del centro dio diez vueltas la Catrina, y se le olvidó allá adentro por quién iba hasta la esquina.

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