Calaveritas literarias para Alicia
Alicia es Licha para todo el mundo, y así de confianzuda la trata también la calaca. Aquí van versos escritos con su nombre, para reírse un rato sin faltarle el respeto. Sirven para la ofrenda, para el concurso de la escuela o para la reunión de noviembre.
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Alicia en el recreo
Alicia corre al recreo
con su torta y su balón;
salta, brinca y da un rodeo
por el patio del salón.
La miró la calavera
desde el pino del jardín:
-Esa niña tan ligera
va a ser mía, y ya está el fin.
Se lanzó por Alicita
pero no la pudo hallar;
se escondió tras la bardita
y la puso a resollar.
Se cansó la pobre flaca
de tanto y tanto correr;
hoy se sienta en la butaca
y prefiere ya aprender.
Licha huele a canela
Licha huele a pan y a canela,
y su risa nos consuela;
donde llega hay alboroto
y ni un ánimo está roto.
Se paró la flaca enfrente
muy segura y muy valiente;
yo le dije: -No es aquí,
váyase, no es para ti.
Le hablé de sus quehaceres,
de sus nietos y placeres;
y del caldo en el fogón
que se queda sin sazón.
Lo pensó la calavera
y se fue por la ladera;
prometió volver un día
cuando aprenda tu alegría.
El lavadero de Licha
Licha talla el delantal
y lo deja sin señal;
vino la muerte arrastrando
su sábana, ya apestando.
-Traigo el trapo bien manchado
de tres siglos de mandado;
no lo limpia ni el jabón
ni el cepillo del cajón.
Licha lo metió a remojo
con cariño y con enojo;
lo talló con la piedrita
y quedó como cerita.
La calaca dio un chiflido
de lo blanco y lo lucido;
y de gusto se olvidó
a quién era que buscó.
Licha y sus tostadas
Licha vende sus tostadas
de camarón, bien colmadas;
llegó la muerte al changarro
con su limón y su tarro.
-Deme un coctel campechano
que traigo un antojo insano;
y échele mucho limón
que ando falta de sazón.
Licha le sirvió el coctel
con camarón a granel;
la flaca le entró al ataque
y no dejó ni el empaque.
Se le puso el hueso rojo
y lloraba por el ojo;
salió al aire a respirar
y olvidó a quién va a llevar.
La doctora Licha
Licha pasa su consulta
y ni un enfermo le insulta;
se coló la calavera
sin su ficha ni la espera.
-Me duele todo el costado
y ando el hueso descuadrado;
ya no aguanto la jornada
de llevarme a la manada.
Licha le tomó presión
y buscó su corazón;
como no le halló ninguno
le recetó un desayuno.
Se tomó su medicina
con jugo y con vitamina;
y hoy la flaca está de alta
pero a la chamba no salta.
Licha y el estanquillo
Licha atiende el estanquillo
y lo tiene muy sencillo;
llegó la flaca a comprar
lo que no puede faltar.
-Quiero un cuaderno rayado
para apuntar lo apartado;
que se me perdió la lista
y ando ciega, sin la vista.
Licha le vendió el cuaderno
y una pluma de gobierno;
también goma y sacapuntas
y un paquete de preguntas.
Apuntó nombre por nombre
sin que ninguno le asombre;
se acabó tinta y papel
y nos salvamos con él.
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