Calaveritas literarias para Alondra
Alondra tiene nombre de pájaro y paso de quien no se deja. La huesuda la ha buscado en el salón, en la cocina, en el hospital y hasta parada en el crucero, y siempre sale perdiendo el round. Aquí van calaveritas para dedicarle en noviembre.
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Alondra en el salón
Alondra llegó al salón
con su lonche y su crayón;
la calaca se sentó
y en la banca se durmió.
Despertó a la calavera
y le dijo: -Espera fuera,
que aquí estamos en examen
y sin lápiz no te llamen.
La calaca hizo su prueba
con la letra que se lleva;
reprobó de par en par
y se tuvo que quedar.
Alondra pone la mesa
Alondra pone la mesa
con cariño y con sorpresa;
llegó la flaca a cenar
y no la dejó pagar.
Le sirvió caldo caliente
y un cafecito decente;
la huesuda platicó
hasta el luto se quitó.
Se olvidó de la guadaña
y le dijo: -Esto no es maña,
vengo aquí por el sazón
y me llevo el corazón.
Alondra en el hospital
Alondra pone inyecciones
con agujas y algodones;
llegó la flaca de turno
con un cólico nocturno.
Le buscó por todos lados
la vena entre los costados;
pero no encontró la arteria
y le dijo: -Qué miseria.
La mandó a sala de espera
con su ficha y su pulsera;
y ahí sigue la calaca
dormidita en una hamaca.
Alondra y el pan de muerto
Alondra hace el pan de muerto
y lo saca ya despierto;
olió el pan doña Catrina
y dejó la disciplina.
Se comió doce charolas
y dejó las mesas solas;
Alondra le pasó cuenta
y la flaca se lamenta.
Hoy se quedó de ayudante
con mandil y con su guante;
amasa desde temprano
y ya no se lleva humano.
Alondra y la aguja
Alondra cose vestidos
con encajes bien cosidos;
vino la flaca a encargar
un vestido pa' bailar.
Le tomó bien la medida
y la halló muy consumida;
le rellenó la cintura
con periódico y costura.
Quedó guapa la calaca
y salió a lucir la placa;
no cobró ni un solo peso,
le pagaron con un hueso.
Alondra en el crucero
Alondra pone las multas
y no acepta las consultas;
pasó la flaca en exceso
de velocidad y peso.
La paró en pleno crucero
y le dijo: -Sin dinero
no hay licencia ni hay perdón,
aunque traigas el cajón.
La huesuda alegó tanto
que se le acabó el encanto;
le quitaron la guadaña
por manejar con tal maña.
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