Calaveritas literarias para Pablo
Pablo es de esos que se aparecen con pan caliente y sin avisar. La calaca lo ha buscado en la panadería, debajo de un cofre, en la clínica de animales y hasta en la ruta del correo, y siempre se regresa con las manos vacías. Van estas calaveritas para los Pablos que no se toman nada en serio.
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Pablito va a la escuela
Pablito se fue a la escuela
con mochila de su abuela;
llevaba un lonche sabroso
y chocolate goloso.
Llegó la flaca al recreo
muriéndose de deseo;
Pablito le convidó
y la calaca engordó.
Y desde entonces la flaca
en el recreo no ataca;
reparte lonche y sonrisa
y se va con mucha prisa.
Pablo, mi compadre
Pablo es de los que se quedan
cuando todo sale mal;
de esos que nunca se enredan
te esperan en el umbral.
Llegó la flaca a su casa
al filo de la mañana;
Pablo le sirvió una taza
y le contó su semana.
La flaca se fue contenta,
con la lista sin tachar;
y hoy, cada vez que se sienta,
se le antoja platicar.
Don Pablo panadero
Don Pablo es el panadero,
se levanta muy primero;
amasa concha y bolillo
y le da vuelta al rodillo.
Llegó la flaca a comprar,
se puso a mordisquear;
tragó conchas por docena
y olvidó su cuarentena.
Durmió sobre el mostrador
con migajas de sabor;
despertó con tanta panza
que perdió toda esperanza.
Pablo y el taller
Don Pablo arregla el motor
con desarmador y amor;
si el carro no quiere andar,
lo pone a resucitar.
Llegó la flaca en carcacha
con el cofre hecho garnacha;
don Pablo la puso a punto
y le cobró por difunto.
La flaca salió volando,
el motor iba cantando;
se le pasó la parada
y volvió sin llevar nada.
Pablo y los animales
Don Pablo cura animales,
los vacuna en los corrales;
le saca espinas al gato
y le habla bonito al pato.
Llegó la flaca y su perro,
un esqueleto de fierro;
don Pablo lo revisó
y una cola le pegó.
El perro salió ladrando,
y la flaca iba llorando;
y de la pura emoción
se le olvidó su misión.
Pablo, cartero de barrio
Pablo reparte el correo
en bici y sin titubeo;
conoce cada zaguán
y el perro de don Julián.
Le llegó carta a la flaca,
sellada con una placa;
decía: -Pablo, es tu día-,
y Pablo la devolvía.
Le puso sello de ausente
y un timbre bien reluciente;
hoy la carta sigue andando
y la flaca sigue esperando.
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