Calaveritas literarias para Miguel

Miguel es de los que aguantan: aguanta el costal del gimnasio, la carretera larga y las historias que cuenta el abuelo hasta la madrugada. La huesuda lo ha retado en el ring, en la ruta y en el taller, y siempre acaba saliendo con las manos vacías. Aquí van varias calaveritas dedicadas a todos los Migueles y Miguelitos de la casa.

¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con el nombre y los detalles que tú quieras.

Miguelito y el examen

Miguelito estudió poco para el examen de ayer; se hizo el listo, se hizo el loco, y aun así lo supo hacer. Llegó la flaca a copiarle las respuestas del final; Miguel, en vez de negarle, le explicó todo el total. Sacaron los dos un diez, la maestra los premió, y la muerte, esa vez, a estudiar se dedicó.

Don Miguel, el de la esquina

Don Miguel, el de la esquina, guarda historias en el pecho; las reparte en la cocina con café recién hecho. Llegó la flaca a escucharlo, se sentó sin avisar; don Miguel, sin espantarlo, le sirvió pan y azahar. Se marcharon platicando cuando el gallo ya cantaba, y su voz quedó rodando por la casa que dejaba.

Miguel sube al ring

Miguel entrena en el gimnasio con vendas y con costal; tira ganchos sin cansancio y no le teme al rival. Subió la flaca al ring, altiva, con sus guantes de cartón; Miguel, con la izquierda viva, la tumbó de un solo son. Contaron hasta los diez y la muerte no se alzó; desde entonces, cada mes, manda flores al que ganó.

Miguel, el cartero

Don Miguel reparte el correo por colonias y por cerros; conoce cada paseo y a todititos los perros. Llegó la flaca a mandar un telegrama al panteón; Miguel lo fue a entregar hasta el último rincón. Se perdió la encomienda entre calles y portones, y la muerte, sin su prenda, sigue haciendo peticiones.

Don Miguel, zapatero

Don Miguel, el zapatero, remienda suela y tacón; cobra poco, es muy sincero, y trabaja con canción. Llegó la flaca descalza, con los huesos de puntitas; Miguel le puso una alza y unas botas bien bonitas. Ahora la muerte camina sin hacer ningún ruido, y hasta baila, tan divina, con el tacón consentido.

Miguel y su tráiler

Miguel maneja hasta Oaxaca, carga fruta y carga acero; no le teme ni a la flaca ni al tramo más traicionero. Se le subió de aventón una noche, en la caseta; Miguel le puso canción y aceleró la carreta. Se durmió la calaquita con el ronrón del motor, y despertó a la mañanita sin recordar su labor.

💀 Crea tu propia calaverita con nombre o explora más calaveritas literarias.