Calaveritas literarias para Mercedes
A Mercedes le dicen Meche y así entra en estos versos, con su nombre por delante. La Catrina la busca en la costura, en la caja del banco y hasta en el comal, y siempre acaba saliendo con las manos vacías. Buenas para el altar, para el salón o para compartir el dos de noviembre.
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Meche presta sus colores
Meche llega a la escuelita
con su moño y su bolsita;
lleva libros, lleva flores
y reparte sus colores.
Se acercó la calaquita
con su lista y su bolsita:
-Vengo por ti, Meche hermosa,
que hoy me toca ser dichosa.
Meche le prestó un crayón
y un papel de su cartón:
-Píntame una flor primero
y después me voy, no espero.
Dibujó la calavera
un jardín de primavera;
se le fue la tarde en eso
y a Meche le dio hasta un beso.
El altar de doña Meche
Doña Meche alza el altar
desde el último de octubre;
con su pan y su copal
y su foto de septiembre.
Llegó el dos y, paso a paso,
se apareció la Catrina;
doña Meche le hizo caso
y la metió a la cocina.
Le sirvió mole y arroz
y un tamal de los guardados;
la Catrina, a media voz,
pidió dos de los pasados.
Se marchó bien empachada
con copal y con tamal;
a doña Meche, adorada,
la dejó para el final.
La máquina de Meche
Meche cose en su rincón
con la Singer de cajón;
hace vestidos de fiesta
y bastillas sin protesta.
Llegó la flaca al taller
con su tela y su querer:
-Hágame un vestido entero
y me llevo a quien yo quiero.
Meche le midió el costado,
la cintura y el cuadrado;
no le halló ni una cadera
y le sobró tela entera.
Se lo probó la Catrina
y le bailaba en la espina;
ya olvidó lo del difunto:
hoy le encarga otro conjunto.
Meche y el perro de la flaca
Meche cura perros, gatos,
pericos, conejos, patos;
les inyecta sin dolor
y les cobra con amor.
Llegó la flaca y su can,
puro hueso y puro afán:
-Ya no ladra ni se mueve,
solo aúlla cuando llueve.
Meche revisó al perrito
y le dijo: -Está flaquito;
le hace falta su croqueta,
su vacuna y su chaqueta.
Le llenó bien el tazón
y el can tomó condición;
hoy le entierra la guadaña
y la flaca ni regaña.
Meche en la ventanilla
Meche atiende la ventana
del banquito de la esquina;
cuenta el dinero con gana
y ni un peso desatina.
Se formó la calaquita
con un cheque muy borroso:
-Me lo cobra, señorita,
y se viene sin reposo.
Meche revisó la firma,
la fechita y el sellito;
le faltaba media firma
y también el numerito.
La mandó por otro sello
a la oficina de enfrente;
hoy la flaca, sin resuello,
hace cola eternamente.
Las tortillas de Meche
Meche vende sus tortillas
calientitas, amarillas;
pesa el kilo sin apuro
y le da pilón seguro.
Llegó la flaca a la fila
con la bolsa y la mochila:
-Deme un kilo, tortillera,
y a Meche, que es la primera.
Meche le llenó el bolsón
de tortillas de a montón;
le hizo un taco bien servido
con frijol y con cocido.
La Catrina se empachó
y el costal se le rompió;
hoy no viene por la gente:
viene por lo bien caliente.
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