Calaveritas literarias para Mercedes

A Mercedes le dicen Meche y así entra en estos versos, con su nombre por delante. La Catrina la busca en la costura, en la caja del banco y hasta en el comal, y siempre acaba saliendo con las manos vacías. Buenas para el altar, para el salón o para compartir el dos de noviembre.

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Meche presta sus colores

Meche llega a la escuelita con su moño y su bolsita; lleva libros, lleva flores y reparte sus colores. Se acercó la calaquita con su lista y su bolsita: -Vengo por ti, Meche hermosa, que hoy me toca ser dichosa. Meche le prestó un crayón y un papel de su cartón: -Píntame una flor primero y después me voy, no espero. Dibujó la calavera un jardín de primavera; se le fue la tarde en eso y a Meche le dio hasta un beso.

El altar de doña Meche

Doña Meche alza el altar desde el último de octubre; con su pan y su copal y su foto de septiembre. Llegó el dos y, paso a paso, se apareció la Catrina; doña Meche le hizo caso y la metió a la cocina. Le sirvió mole y arroz y un tamal de los guardados; la Catrina, a media voz, pidió dos de los pasados. Se marchó bien empachada con copal y con tamal; a doña Meche, adorada, la dejó para el final.

La máquina de Meche

Meche cose en su rincón con la Singer de cajón; hace vestidos de fiesta y bastillas sin protesta. Llegó la flaca al taller con su tela y su querer: -Hágame un vestido entero y me llevo a quien yo quiero. Meche le midió el costado, la cintura y el cuadrado; no le halló ni una cadera y le sobró tela entera. Se lo probó la Catrina y le bailaba en la espina; ya olvidó lo del difunto: hoy le encarga otro conjunto.

Meche y el perro de la flaca

Meche cura perros, gatos, pericos, conejos, patos; les inyecta sin dolor y les cobra con amor. Llegó la flaca y su can, puro hueso y puro afán: -Ya no ladra ni se mueve, solo aúlla cuando llueve. Meche revisó al perrito y le dijo: -Está flaquito; le hace falta su croqueta, su vacuna y su chaqueta. Le llenó bien el tazón y el can tomó condición; hoy le entierra la guadaña y la flaca ni regaña.

Meche en la ventanilla

Meche atiende la ventana del banquito de la esquina; cuenta el dinero con gana y ni un peso desatina. Se formó la calaquita con un cheque muy borroso: -Me lo cobra, señorita, y se viene sin reposo. Meche revisó la firma, la fechita y el sellito; le faltaba media firma y también el numerito. La mandó por otro sello a la oficina de enfrente; hoy la flaca, sin resuello, hace cola eternamente.

Las tortillas de Meche

Meche vende sus tortillas calientitas, amarillas; pesa el kilo sin apuro y le da pilón seguro. Llegó la flaca a la fila con la bolsa y la mochila: -Deme un kilo, tortillera, y a Meche, que es la primera. Meche le llenó el bolsón de tortillas de a montón; le hizo un taco bien servido con frijol y con cocido. La Catrina se empachó y el costal se le rompió; hoy no viene por la gente: viene por lo bien caliente.

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