Calaveritas literarias para Melissa
Melissa se lleva bien con la Catrina en estos versos, aunque siempre acaba ganándole el pulso. Aquí aparece como Meli, que es como le dicen los suyos. Sirven para el altar, para el salón o para mandarlas por mensaje el dos de noviembre.
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El patito de Melissa
Melissa llega temprano,
con su lápiz en la mano;
hace planas sin borrones
y se sabe las lecciones.
Se asomó la calaquita
por la puerta del salón:
-Ya me llevo a la bonita,
que la traigo en mi renglón.
Meli dijo: -Sí me voy,
pero espérame un ratito:
falta el dictado que es hoy
y el dibujo del patito.
La calaca se aplicó
y pintó todo el patito;
un diez la maestra le dio
y olvidó aquel papelito.
El cajón de Meli
Meli guarda en su cajón
los recuerdos de la casa:
un botón, una canción
y la receta de masa.
Tocó un jueves la Catrina
con su rebozo de flores;
la sentaron en cocina
con tamal de dos sabores.
Meli le sirvió un café
y le habló de su abuelita;
la Catrina, sin por qué,
se quedó la nochecita.
Se llevó la servilleta,
un tamal y un buen sabor;
a Meli no, la coqueta:
hoy regresa por su olor.
Meli saca hasta la muela
Meli es una gran dentista,
la más brava de la lista;
saca muelas al momento
y no cobra ni el aliento.
Se sentó la calaquita
en la silla reclinada:
-Vengo por ti, dentistita,
pero antes, la revisada.
Meli le contó los dientes:
treinta y dos, todos presentes;
le encontró seis picaduras
y tres muelas muy oscuras.
Le sacó las picaditas
y le puso resinitas;
hoy la flaca, muy formal,
se hace limpieza anual.
Meli en el mercado
Meli vende en el mercado
jitomate colorado;
grita fuerte su pregón
y le sobra corazón.
Llegó la flaca al pasillo
con su bolsa y su cuchillo:
-Deme un kilo de cebolla
y a Melissa, que es mi joya.
Meli le llenó el mandado:
chile, flores, aguacate;
le fio todo lo pesado
y de pilón un tomate.
La Catrina, con el bulto,
ya no pudo ni cargar;
se olvidó de su difunto
y hoy ayuda a despachar.
Meli al volante
Meli maneja el camión
de la ruta al panteón;
va con música pesada
y la virgen bien colgada.
Se subió doña Catrina
sin pagar ni media esquina:
-Me la llevo en esta vuelta,
ya la tengo en mi libreta.
Meli arranca en un tirón
y no frena en el topón;
la Catrina fue volando
y en el piso fue rodando.
Se bajó descoyuntada
en la esquina del mesón;
la Catrina, escarmentada,
hoy se va a pie al panteón.
El pastel de Meli
Meli hornea sus pasteles
de tres leches y de miel;
les dibuja hasta claveles
con betún y con pincel.
Le llegó doña Catrina
a encargar el de su día:
-Se lo encargo en su cocina
y a Meli, de compañía.
Meli le montó tres pisos
con merengue de a montón;
le pintó dos huesos lisos
y un sombrero de listón.
Se empachó doña Catrina
con las sobras del pastel;
hoy la flaca, en la cocina,
lame el plato y el papel.
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