Calaveritas literarias para Josefina

Josefina responde a Chepina desde que andaba con trenzas, y con ese apodo la anda buscando la Catrina. Estos versos son para su nombre, con risa y sin ofender a nadie. Van bien en la ofrenda, en el salón o en la reunión de la familia.

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Chepina y sus colores

Chepina llega a la escuela con su lápiz de colores; le hace un dibujo a su abuela con estrellas y con flores. La calaca se asomó por la reja del portón: -Josefina, se acabó tu recreo y tu balón. -Espéreme usted -dijo ella-, que no acabo de leer; si me lleva sin estrella jamás voy a florecer. Y la muerte, conmovida, le prestó hasta su cuaderno; hoy Chepina, agradecida, le da clase en el invierno.

Chepina, la de mi casa

Chepina, la de mi casa, la que todo lo repasa; la que guarda mi secreto y me quiere sin boleto. Vino la flaca a buscarte con la idea de llevarte; yo le dije: -No hay servicio, vuelva usted por otro oficio. Se quedó esperando afuera todo un año, la primera; le llevaste un cafecito y un tamal bien calientito. Se ablandó la condenada y no dijo ya más nada; hoy te ayuda en la cocina y te cuida la gallina.

El ramo de Chepina

Chepina vende sus flores de mil formas y colores; llegó la muerte al mercado con su ramo desarmado. -Quiero un ramo bien bonito para un muerto muy solito; que le luzca la corona y que huela hasta la persona. Chepina le hizo un ramote más grande que su capote; la Catrina lo cargó y del peso se dobló. Se le trabó la guadaña entre el ramo y la espadaña; y de tanto florerío se le fue el trabajo al río.

Chepina, taxista de altura

Chepina anda de taxista y conoce cada pista; se le subió la Catrina allá por la última esquina. -Écheme para el jardín, que ahí tengo un buen festín; pero écheme con carrera que la lista no me espera. Chepina salió volando por el tráfico esquivando; la Catrina se agarraba y del susto ya rezaba. Al llegar, con el mareo, se bajó sin el trofeo; y hoy la flaca anda a pie y no sube, ya lo sé.

El pastel de la flaca

Chepina hornea pasteles de tres pisos y con mieles; la muerte encargó un pastel con su nombre y su clavel. -Que le pongan calaveras, flores, huesos y banderas; porque cumplo yo mil años y no quiero desengaños. Chepina lo decoró y hasta velas le montó; la flaca sopló con ganas y apagó hasta las ventanas. Se comió el pastel completo y le dio un dolor secreto; hoy anda con la barriga y no hay lista que la siga.

Chepina y el retrato

Chepina toma las fotos de bautizos y alborotos; se metió la calavera a que le hagan la primera. -Quiero verme muy galana con mi flor de la mañana; que me saque bien bonita pa la foto de la cita. Chepina alistó la luz y un fondito de avestruz; le acomodó la sonrisa y el rebozo, sin la prisa. Salió el flash, salió el retrato y se vio por un buen rato; tanto se gustó la flaca que soltó lista y matraca.

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