Calaveritas literarias para Josefina
Josefina responde a Chepina desde que andaba con trenzas, y con ese apodo la anda buscando la Catrina. Estos versos son para su nombre, con risa y sin ofender a nadie. Van bien en la ofrenda, en el salón o en la reunión de la familia.
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Chepina y sus colores
Chepina llega a la escuela
con su lápiz de colores;
le hace un dibujo a su abuela
con estrellas y con flores.
La calaca se asomó
por la reja del portón:
-Josefina, se acabó
tu recreo y tu balón.
-Espéreme usted -dijo ella-,
que no acabo de leer;
si me lleva sin estrella
jamás voy a florecer.
Y la muerte, conmovida,
le prestó hasta su cuaderno;
hoy Chepina, agradecida,
le da clase en el invierno.
Chepina, la de mi casa
Chepina, la de mi casa,
la que todo lo repasa;
la que guarda mi secreto
y me quiere sin boleto.
Vino la flaca a buscarte
con la idea de llevarte;
yo le dije: -No hay servicio,
vuelva usted por otro oficio.
Se quedó esperando afuera
todo un año, la primera;
le llevaste un cafecito
y un tamal bien calientito.
Se ablandó la condenada
y no dijo ya más nada;
hoy te ayuda en la cocina
y te cuida la gallina.
El ramo de Chepina
Chepina vende sus flores
de mil formas y colores;
llegó la muerte al mercado
con su ramo desarmado.
-Quiero un ramo bien bonito
para un muerto muy solito;
que le luzca la corona
y que huela hasta la persona.
Chepina le hizo un ramote
más grande que su capote;
la Catrina lo cargó
y del peso se dobló.
Se le trabó la guadaña
entre el ramo y la espadaña;
y de tanto florerío
se le fue el trabajo al río.
Chepina, taxista de altura
Chepina anda de taxista
y conoce cada pista;
se le subió la Catrina
allá por la última esquina.
-Écheme para el jardín,
que ahí tengo un buen festín;
pero écheme con carrera
que la lista no me espera.
Chepina salió volando
por el tráfico esquivando;
la Catrina se agarraba
y del susto ya rezaba.
Al llegar, con el mareo,
se bajó sin el trofeo;
y hoy la flaca anda a pie
y no sube, ya lo sé.
El pastel de la flaca
Chepina hornea pasteles
de tres pisos y con mieles;
la muerte encargó un pastel
con su nombre y su clavel.
-Que le pongan calaveras,
flores, huesos y banderas;
porque cumplo yo mil años
y no quiero desengaños.
Chepina lo decoró
y hasta velas le montó;
la flaca sopló con ganas
y apagó hasta las ventanas.
Se comió el pastel completo
y le dio un dolor secreto;
hoy anda con la barriga
y no hay lista que la siga.
Chepina y el retrato
Chepina toma las fotos
de bautizos y alborotos;
se metió la calavera
a que le hagan la primera.
-Quiero verme muy galana
con mi flor de la mañana;
que me saque bien bonita
pa la foto de la cita.
Chepina alistó la luz
y un fondito de avestruz;
le acomodó la sonrisa
y el rebozo, sin la prisa.
Salió el flash, salió el retrato
y se vio por un buen rato;
tanto se gustó la flaca
que soltó lista y matraca.
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