Calaveritas literarias para José
Pocos nombres son tan mexicanos como José: está en el taller, en la taquería, en el volante y arriba del escenario. La huesuda lleva años queriendo llevárselo y siempre acaba esperando a que termine el trabajo. Estas calaveritas están dedicadas a todos los Josés, Pepes y Chepes que conoces.
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José y la lección
José llegó a su salón
con la mochila al revés;
se sabía la lección
del uno hasta el veintitrés.
Entró la flaca al pizarrón
y le dijo: -Ven, José.
-Termino mi exposición
y con gusto me iré.
La calaca se formó
en la fila más callada;
tanto la clase le gustó
que se quedó de encargada.
Don José, carpintero
Don José, el carpintero,
con serrucho y con cariño,
le hizo cuna al mundo entero
y un caballito a su niño.
Vino la flaca a encargarle
su ropero de cedrón,
y él, sin nunca apurarle,
lo lijó con devoción.
Cuando estuvo terminado,
la muerte se lo llevó,
y a don José, de su lado,
en la banca lo sentó.
José, el de los tacos
José tiene taquería
de suadero y de pastor;
atiende con alegría
desde el alba hasta el calor.
Llegó la flaca con hambre:
-Ponme cinco de campechano.
Comió tanto que el fiambre
ya no cupo en su mano.
La muerte dijo: -Me lo llevo,
que ya se le acabó el plazo;
mas pidió un taquito nuevo
y se durmió en el regazo.
José y su taxi
Don José, el del volante,
maneja un taxi de a peso;
va cantando, muy campante,
con el codo y con el hueso.
Subió la flaca en la esquina:
-Al panteón, por favor.
José, que nunca atina,
la paseó hasta Ecuador.
Ya llevan tres años dando
vueltas por la capital;
la flaca sigue esperando
y el taxímetro, fatal.
José y su mariachi
José canta con vihuela,
la trompeta lo consuela;
cuando rompe con "El Rey"
se le cuadra hasta la ley.
Llegó la flaca a bailar,
le pidió una de dolor;
José se puso a cantar
y la hizo llorar de amor.
-Me lo llevo -dijo, ufana-,
para cantar mi mañana;
y hoy retumba en el panteón
"El Rey" con su vozarrón.
José, maestro albañil
José, el maestro albañil,
levantó media ciudad
con cuchara y con perfil,
con sudor y con bondad.
Llegó la flaca a estorbar,
pidiendo su aparejo;
José la puso a cargar
tres botes y un azulejo.
Terminaron el castillo
y el colado del pasillo;
la flaca, con dolor de hueso,
se fue a dormir sin el peso.
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