Calaveritas literarias para Jorge
Jorge es de esos nombres que la calaca conoce bien porque nunca logra echárselo al hombro. Estas calaveritas van para dedicárselas en el altar, en la cascarita del domingo o en la comida familiar.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
Jorge y la cascarita
Jorge juega en el recreo
con pelota de colores;
mete gol y da un rodeo
y celebra sin temores.
Llegó al patio una calaca
con sus tenis de correr:
-Yo le entro, dijo la flaca,
y les voy a hacer perder.
Le pasaron la pelota,
pero al darle el puntapié,
se le fue la tibia rota
y rodó no sé por qué.
Los niños la levantaron,
le amarraron el huesito,
y en el equipo quedaron
la calaca y el Jorgito.
Jorge, abuelo consentido
Jorge, abuelo consentido,
el del cuento y la paleta,
el que nunca se ha rendido
ni le teme a la receta.
Si la muerte anda rondando
la banquita de tu casa,
le diré que siga andando,
que aquí nada de eso pasa.
Le daré del atolito
y un pedazo de tu pan,
y en lo que come un poquito
nos contamos un refrán.
Quédate a contar tus cuentos
muchos años, abuelito,
que nos faltan mil momentos
de tu risa y tu ratito.
Jorge el taxista
Jorge maneja el volante
de su taxi, día y noche;
no hay pasaje que se espante
ni cliente que le reproche.
Se subió la calavera
con su bolsa y su sombrilla:
-Lléveme donde yo quiera,
al panteón de la orilla.
Jorge agarró la avenida
con el tránsito parado;
dieron vueltas de subida,
dos embudos y un mercado.
Se hizo noche en el camino
y la cuenta se elevó;
la Catrina, sin destino,
de copiloto quedó.
Jorge el carnicero
Jorge corta la costilla
con el hacha y el cuchillo;
no se le va una semilla
ni un gramito del bolsillo.
Fue la flaca al mostrador
a pedir un kilo de hueso:
-Deme el mío, por favor,
que ya no me queda peso.
Jorge le pesó un costal
de retazo y de espinazo,
y de pilón, sin igual,
le regaló un buen pedazo.
La flaca cargó el costal
y salió con el bocado,
y del peso, tal por cual,
se olvidó de su mandado.
Jorge el ingeniero
Jorge dibuja sus planos
con escuadra y con compás;
le hace puentes a los llanos
y no falla ni de más.
La Catrina le pidió
un proyecto de ocasión:
-Un salón -le respondió-,
con su techo y su balcón.
Jorge midió los cimientos,
calculó cada columna,
resistencias, movimientos,
y la carga de la luna.
Le entregó su presupuesto
con impuestos y anticipo;
la Catrina, ante el supuesto,
se rajó y dejó el equipo.
Jorge el árbitro
Jorge pita en la canchita
cada falta y cada mano;
y no afloja ni tantita
con el chico ni el anciano.
La Catrina entró a jugar
de delantera contraria;
iba a todos a llevar
con su falta temeraria.
Jorge le mostró la roja
por barrer al mediocampo;
la Catrina se sonroja
y protesta con espanto.
La expulsó del partidito
y le dio tres de castigo;
y hoy espera en el banquito
a que vuelva a ser su amigo.
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