Calaveritas literarias para Jonathan

Aquí Jonathan se pasea por la moto de reparto, el poste de luz y hasta el gimnasio, siempre con la Catrina pisándole los talones. Ninguna termina como ella esperaba. Sirven para el altar, para la escuela o para mandarlas por mensaje el dos de noviembre.

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La carrera de Jonathan

Jonathan llega corriendo, la mochila va cayendo; lleva lápiz, lleva goma, y una torta que se asoma. Se coló la calaquita a la clase de bolita: -Jonathan, ven, no te tardes, que te espero desde el martes. Jonathan le dijo: -Bueno, pero corre, que no freno; si me ganas la bolita, me voy hoy, mi calaquita. Corrió el niño de primero y llegó como un lucero; la calaca quedó atrás y hoy entrena mucho más.

Jonathan, el hermano grande

Jonathan carga a su hermana cuando ya no quiere andar; la despierta en la mañana y la lleva a merendar. Se paró doña Catrina justo enfrente del zaguán: -Jonathan, ya se avecina tu viajecito, galán. Jonathan pidió permiso para dejar a su hermana en la escuela, muy sumiso, y volver por la mañana. La Catrina lo esperó y se le hizo tarde el día; del cansancio se durmió en la banca, todavía.

El pedido de la flaca

Jonathan maneja moto con el cajón medio roto; lleva pizzas y tortillas y sushi por las orillas. Le pidió la calavera un pedido a la carrera: -Diez de pastor, mensajero, y su vida, que la quiero. Le mandó la ubicación de la fosa, sin razón; Jonathan buscó dos horas entre cruces y entre moras. Llegó el pedido ya frío y con todo el desvarío; hoy la flaca da propina y le calienta en su esquina.

Jonathan y el cable pelado

Jonathan es electricista y no hay corto que resista; sube al poste sin temblor y le pierde hasta el pavor. Se trepó la calavera por el cable de la acera: -Ya te tengo, cablecito, te me bajas despacito. Jonathan gritó: -Cuidado, que ese cable está pelado. Pero la flaca, confiada, lo agarró de la jalada. Dio un chispazo de a de veras que alumbró todas las eras; hoy la flaca, achicharrada, no se acerca ni a la entrada.

Jonathan pesa el pedido

Jonathan es carnicero, el más rápido y certero; corta chuleta y costilla y regala la rodilla. Entró la flaca al mercado con su bolsa de mandado: -Póngame lo del pescuezo y a Jonathan, hueso a hueso. Jonathan sacó el serrucho y afiló como hombre ducho: -Usted es puro esqueleto, le hago un caldo bien completo. La Catrina echó a correr sin la bolsa y sin querer; hoy le encarga puro pollo y ni asoma por el hoyo.

Las vueltas de Jonathan

Jonathan es entrenador del gimnasio del rincón; pone pesas al mayor, sentadillas de a montón. Se metió doña Catrina con su lista y su bastón: -Jonathan, aquí termina tu carrera y tu función. Jonathan le dijo: -Claro, pero calienta primero: veinte vueltas, no es tan caro, y cien lagartijas quiero. A la vuelta veinticinco la Catrina se rindió; se quedó tirada al brinco y ahí mismo se apuntó.

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