Calaveritas literarias para Jonathan
Aquí Jonathan se pasea por la moto de reparto, el poste de luz y hasta el gimnasio, siempre con la Catrina pisándole los talones. Ninguna termina como ella esperaba. Sirven para el altar, para la escuela o para mandarlas por mensaje el dos de noviembre.
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La carrera de Jonathan
Jonathan llega corriendo,
la mochila va cayendo;
lleva lápiz, lleva goma,
y una torta que se asoma.
Se coló la calaquita
a la clase de bolita:
-Jonathan, ven, no te tardes,
que te espero desde el martes.
Jonathan le dijo: -Bueno,
pero corre, que no freno;
si me ganas la bolita,
me voy hoy, mi calaquita.
Corrió el niño de primero
y llegó como un lucero;
la calaca quedó atrás
y hoy entrena mucho más.
Jonathan, el hermano grande
Jonathan carga a su hermana
cuando ya no quiere andar;
la despierta en la mañana
y la lleva a merendar.
Se paró doña Catrina
justo enfrente del zaguán:
-Jonathan, ya se avecina
tu viajecito, galán.
Jonathan pidió permiso
para dejar a su hermana
en la escuela, muy sumiso,
y volver por la mañana.
La Catrina lo esperó
y se le hizo tarde el día;
del cansancio se durmió
en la banca, todavía.
El pedido de la flaca
Jonathan maneja moto
con el cajón medio roto;
lleva pizzas y tortillas
y sushi por las orillas.
Le pidió la calavera
un pedido a la carrera:
-Diez de pastor, mensajero,
y su vida, que la quiero.
Le mandó la ubicación
de la fosa, sin razón;
Jonathan buscó dos horas
entre cruces y entre moras.
Llegó el pedido ya frío
y con todo el desvarío;
hoy la flaca da propina
y le calienta en su esquina.
Jonathan y el cable pelado
Jonathan es electricista
y no hay corto que resista;
sube al poste sin temblor
y le pierde hasta el pavor.
Se trepó la calavera
por el cable de la acera:
-Ya te tengo, cablecito,
te me bajas despacito.
Jonathan gritó: -Cuidado,
que ese cable está pelado.
Pero la flaca, confiada,
lo agarró de la jalada.
Dio un chispazo de a de veras
que alumbró todas las eras;
hoy la flaca, achicharrada,
no se acerca ni a la entrada.
Jonathan pesa el pedido
Jonathan es carnicero,
el más rápido y certero;
corta chuleta y costilla
y regala la rodilla.
Entró la flaca al mercado
con su bolsa de mandado:
-Póngame lo del pescuezo
y a Jonathan, hueso a hueso.
Jonathan sacó el serrucho
y afiló como hombre ducho:
-Usted es puro esqueleto,
le hago un caldo bien completo.
La Catrina echó a correr
sin la bolsa y sin querer;
hoy le encarga puro pollo
y ni asoma por el hoyo.
Las vueltas de Jonathan
Jonathan es entrenador
del gimnasio del rincón;
pone pesas al mayor,
sentadillas de a montón.
Se metió doña Catrina
con su lista y su bastón:
-Jonathan, aquí termina
tu carrera y tu función.
Jonathan le dijo: -Claro,
pero calienta primero:
veinte vueltas, no es tan caro,
y cien lagartijas quiero.
A la vuelta veinticinco
la Catrina se rindió;
se quedó tirada al brinco
y ahí mismo se apuntó.
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