Calaveritas literarias para Joaquín

Estas calaveritas llevan el nombre de Joaquín y lo pasean por la cancha, el taller y la panadería. En todas la Catrina llega con muy buenas intenciones y se va con las manos vacías. Buenas para el altar, para la escuela o para leerlas en voz alta entre risas.

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El penal de Joaquín

Joaquín corre por la cancha con su playera y su mancha; mete goles de emoción y festeja de a montón. Se metió la calaquita de portera del lugar: -Si me anotas la bolita, no te vengo yo a llevar. Joaquín tomó su carrera, le pegó con todo y alma; la pelota fue certera y la flaca perdió calma. Fue gol limpio, de emoción, la calaca se enredó; hoy defiende su portón y a Joaquín ni lo llevó.

El dominó de don Joaquín

Don Joaquín pone la mesa para el juego del portal; llega el barrio sin promesa y se queda hasta el final. Se sentó doña Catrina a la cuarta silla, en fin: -Traigo lista y traigo esquina y me llevo a don Joaquín. Don Joaquín salió con mula y le trancó la partida; la Catrina, que se anula, se quedó bien aburrida. Pidió luego la revancha y perdió como las diez; hoy la flaca se desmancha y le juega al ajedrez.

Joaquín en la laguna

Joaquín sale a la laguna cuando aún no sale luna; echa el ancla, echa el anzuelo, y le saca al agua el pelo. Se subió la calavera a la lancha marinera: -Ya te tengo, pescadito, te me vienes de solito. Joaquín le prestó su caña y le dijo: -Pesque un rato. La calaca, con su maña, se enganchó por el zapato. Un bagre se la llevó al fondito del carrizo; Joaquín solo la sacó y de su ayudante la hizo.

La trompeta de Joaquín

Joaquín toca la trompeta como nadie en la banqueta; se avienta doce canciones y no pide ni tostones. Llegó la flaca hasta el kiosco pidiendo un son medio tosco: -Tóquese la despedida, que a Joaquín ya le toca ida. Joaquín le tocó un bolero de esos que parten en cero; la calaca se soltó y en la banca se sentó. Se acabó la madrugada entre el llanto y la tocada; hoy la flaca es su madrina y le carga la bocina.

El pan de Joaquín

Joaquín amasa temprano, con harina hasta la mano; saca conchas y cuernitos y bolillos calientitos. Entró la flaca al despacho con canasta y con gorrito: -Deme un pan de muerto macho y a Joaquín, que es mi antojito. Joaquín le sirvió del horno pan de muerto y campechanas; la calaca dio un retorno y volvió por las mañanas. Se comió dos canastadas de las conchas de la reja; hoy la flaca, en las heladas, prende el horno y no se aleja.

El taller de Joaquín

En su taller de la esquina Joaquín compone motores; si el carrito no camina, él le encuentra los dolores. Llegó la flaca de noche arrastrando su camión: -Ya no sirve este mi coche y usted es mi salvación. Joaquín le abrió la tapita y le halló el motor pelón; le cambió una manguerita, la bujía y el pistón. Le pasó la cuenta entera con la mano y el motor; la Catrina, sin cartera, hoy le paga con sudor.

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