Calaveritas literarias para Jimena
Jimena tiene fama de que a la huesuda siempre se le escapa entre los dedos. En estos versos la busca en el salón de clases, en la casa de la familia, en el juzgado, en la estética, en la cocina y hasta parada en el crucero. Escoge la que mejor le quede y léesela en voz alta el Día de Muertos.
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Jimena canta
Jimena canta en la escuela
con voz clara y con dulzura;
la calaca se desvela
solo por su voz tan pura.
La flaquita le pidió
que cantara una vez más;
y Jimena le cantó
todo el himno y lo demás.
La calaca, muy contenta,
se sentó junto a la silla;
ya no quiso hacer la cuenta
y guardó su libretilla.
Se marchó sin llevar nada
más que un canto de emoción;
y desde esa madrugada
Jimena es su gran canción.
Jimena, mi hermana
Jimena es mi hermana buena
que me cuida y me consiente;
me destrenza la melena
y me peina diferente.
Llegó la flaca a la casa
con su lista y su mirada:
-Vengo por la que se pasa
de bonita y de callada.
Yo escondí a mi hermanita
tras la puerta del ropero;
le tapé hasta la trencita
y le puse mi sombrero.
La huesuda, ya vencida,
se marchó por el portal;
y Jimena, muy dormida,
ni se enteró del final.
La licenciada Jimena
Jimena es buena abogada
y se sabe la lección;
no hay demanda mal cerrada
ni un contrato sin razón.
Vino la muerte a alegar
el alma de un buen cristiano;
Jimena la hizo esperar
con un trámite lejano.
-Traiga copias, traiga el acta,
más el poder notariado,
y la firma bien exacta
del difunto interesado.
La Catrina, ya sin juicio,
se perdió en el archivero;
y aplazaron su servicio
para el año venidero.
Jimena en la estética
Jimena tiene salón
de belleza y de pintura;
con secadora y peinón
te transforma la figura.
Vino la flaca a pintarse
de rubia y de colorada;
quería toda arreglarse
para andar bien maquillada.
Jimena le echó color
y le puso permanente;
la calaca, sin dolor,
se quedó bien reluciente.
Salió tan bonita y güera
que se le olvidó el encargo;
y anda por la carretera
presumiendo el pelo largo.
Jimena y la cazuela
Jimena guisa temprano
mole, arroz y chicharrón;
mueve el cazo con la mano
y aromatiza el rincón.
Llegó la flaca corriendo
por el olor a cazuela;
se sentó y siguió comiendo
sin dejarle ni a la abuela.
Jimena le echó más chile
a la salsa y al guisado;
y en lugar de que desfile,
se quedó pidiendo helado.
La Catrina, ya sudando,
pidió agua y su limonada;
y a Jimena, cocinando,
la dejó como si nada.
Jimena en el crucero
Jimena para el camión
con silbato y con bandera;
le revisa hasta el bastón
y la placa delantera.
Pasó la flaca en carreta
sin luz y sin señalar;
Jimena sacó libreta
y la puso a declarar.
-Deme aquí su credencial
y el seguro del carrito.
La Catrina, muy formal,
le entregó su papelito.
Estaba vencido el plazo
desde el siglo diecinueve;
la Catrina, con su brazo,
empujando, y no se mueve.
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