Calaveritas literarias para Federico
A Federico le dicen Fede en la casa y don Fede en el trabajo, y la huesuda lo busca por los dos nombres. Aquí lo persigue en el recreo, en el jardín del abuelo, en la taquería, en el taller, en la oficina y hasta en la barbería. Escoge la que mejor le quede y déjasela en el altar el Día de Muertos.
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Fede en el recreo
Fede llega a la escuela
con su lonche y su balón;
y una calaca de tela
lo saluda del cajón.
La calaquita decía:
-Ven conmigo, Federico.
Fede dijo: -Todavía
estoy chico, estoy muy chico.
La flaquita, muy amable,
se sentó a comer con él:
una torta memorable
y una paleta de miel.
Sonó el timbre y la huesuda
se fue a casa sin cenar;
Fede, sin ninguna duda,
la invitó a regresar.
Don Fede, mi abuelo
Don Fede, de pura risa,
regaba su limonar;
se levantaba sin prisa
y se ponía a cantar.
Vino la flaca una tarde
con su rebozo de flor,
y le dijo: -No se tarde,
que allá lo esperan mejor.
Se fue Fede sin protesta,
con sombrero y con bastón;
nos dejó la casa puesta
y su risa de rincón.
Hoy le dejo en el altar
su limón y su café;
la huesuda, sin cobrar,
lo trajo y lo saludé.
Fede el taquero
Fede tiene taquería
con cebolla y con limón;
sirve el pastor todo el día
y al carbón, con su sazón.
Le pidió tres de suadero
con cebolla y con nopal;
Fede le cobró primero,
que la flaca paga mal.
La huesuda, muy paciente,
sacó un peso y su costilla,
y le dijo muy sonriente:
-Con esto pago mi silla.
Fede le echó salsa dura
y la flaca se apuró;
con un litro de agua pura
y sin Fede regresó.
Fede mecánico
Fede tiene un tallercito
donde compone al carrito;
con su viejo desarmador
le devuelve su motor.
Llegó la flaca en carcacha
echando humo y con la facha:
-Componme este cascarón,
que ni llego al panteón.
Fede abrió el cofre y le dijo:
-Le hace falta el eje fijo,
la manguera está quemada
y la bomba, destrozada.
La huesuda, muy urgida,
esperó toda la vida;
como el carro no arrancó,
por Fede no regresó.
Fede y los números
Fede es un buen contador
que no pierde ni un tostón;
suma, resta, y con amor
te declara hasta el limón.
Llegó la muerte apurada
con lista y con maletín:
-Firma aquí tu retirada
y nos vamos al festín.
Fede revisó el papel
con su gran calculadora:
-Está mal, y no soy cruel:
le faltó el sello, señora.
La Catrina hizo la fila
en la oficina central;
todavía se perfila
formadita en el portal.
Fede el barbero
Fede tiene barbería
y la llena todo el día;
con tijera y con navaja
a cualquiera se la baja.
Llegó la muerte de prisa
con la calva y con la risa:
-Fede, ponme cabellera,
que ando pelona y ligera.
Fede le puso peluca
que le tapa hasta la nuca;
le rizó cada costilla
y le acomodó la horquilla.
La calaca, tan bonita,
se olvidó de su visita;
salió a verse al ventanal
y olvidó lo principal.
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