Calaveritas literarias para Evelyn

A Evelyn la flaca la ha buscado en el salón de clases, en el de belleza, en la ventanilla del banco y hasta en el crucero. En ninguna le ha ido bien: acaba formada, pintada de morado o pagando multa. Aquí están los versos para dedicárselos como se debe.

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Evelyn y su tarea

Evelyn hace tarea mientras la calaca ojea; se sentó junto a su banca con su bata toda blanca. -Evelyn, ya se acabó, que la maestra mandó. -Pues no puedo, hay que estudiar, y mañana hay que entregar. La calaca se aburrió y el cuaderno le copió; pero todo lo copiado le salió mal y borrado. Hoy Evelyn le repasa las vocales y la resta; y la flaca, por su casa, ya presume hasta en su fiesta.

Evelyn, mi amiga

Evelyn es mi vecina y también mi gran amiga; por las tardes me cocina sin que nadie se lo diga. Vino la flaca a buscarla una tarde de noviembre; yo salí para avisarla que volviera por diciembre. La huesuda se enojó y tocó por la ventana; Evelyn la saludó con un pan y una manzana. Se volvieron tan amigas que se van a platicar; y comparten hasta migas y el encargo, a olvidar.

Evelyn, la maestra

Evelyn da tercer año con su lista y su bastón; la calaca, sin engaño, se metió a su formación. -Vengo por la de la esquina, la que cuida a los chamacos. Evelyn, que ya adivina, la sentó con los más flacos. Le tomó la lista entera y le puso su asistencia; le encargó la papelera y el aseo con paciencia. Llegó el timbre de salida y la flaca no acabó; hoy le dicen consentida porque nunca reprobó.

Evelyn, la estilista

Evelyn peina y matiza en su salón de la esquina; llegó la flaca, y se riza los tres pelos, la Catrina. -Quiero un tinte colorado y unas luces de a montón. Evelyn, muy con cuidado, revisó bien el cajón. No encontró ni una melena donde echar el colorante; le pintó la calavera de morado y de brillante. Se miró y se sonreía, tan contenta y tan bonita, y olvidó lo que quería: hoy regresa a cada cita.

Evelyn en el banco

Evelyn cuenta billetes en la caja tres del banco; llegó la flaca con siete costalitos de hueso blanco. -Yo quiero abrir una cuenta para todo mi tesoro. Evelyn le pidió, atenta, una firma y algo de oro. La huesuda no tenía credencial ni dirección; y en la bolsa que traía, nada más hueso y cordón. La mandaron a la fila con su turno y su cordel; y ahí sigue, tan tranquila, esperando su papel.

Evelyn y el crucero

Evelyn, en el crucero, dirige con su silbato; llegó la flaca primero manejando un aparato. Se pasó la luz en rojo y rayó dos banquetitas; Evelyn le echó buen ojo y le puso tres multitas. -No me multe, soy la muerte, yo trabajo pa'l gobierno. -Pues qué bueno, y por su suerte, se la cobro hasta el invierno. Se llevaron su carrito al corralón de la esquina; hoy camina un buen ratito y no gasta gasolina.

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