Calaveritas literarias para Evelyn
A Evelyn la flaca la ha buscado en el salón de clases, en el de belleza, en la ventanilla del banco y hasta en el crucero. En ninguna le ha ido bien: acaba formada, pintada de morado o pagando multa. Aquí están los versos para dedicárselos como se debe.
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Evelyn y su tarea
Evelyn hace tarea
mientras la calaca ojea;
se sentó junto a su banca
con su bata toda blanca.
-Evelyn, ya se acabó,
que la maestra mandó.
-Pues no puedo, hay que estudiar,
y mañana hay que entregar.
La calaca se aburrió
y el cuaderno le copió;
pero todo lo copiado
le salió mal y borrado.
Hoy Evelyn le repasa
las vocales y la resta;
y la flaca, por su casa,
ya presume hasta en su fiesta.
Evelyn, mi amiga
Evelyn es mi vecina
y también mi gran amiga;
por las tardes me cocina
sin que nadie se lo diga.
Vino la flaca a buscarla
una tarde de noviembre;
yo salí para avisarla
que volviera por diciembre.
La huesuda se enojó
y tocó por la ventana;
Evelyn la saludó
con un pan y una manzana.
Se volvieron tan amigas
que se van a platicar;
y comparten hasta migas
y el encargo, a olvidar.
Evelyn, la maestra
Evelyn da tercer año
con su lista y su bastón;
la calaca, sin engaño,
se metió a su formación.
-Vengo por la de la esquina,
la que cuida a los chamacos.
Evelyn, que ya adivina,
la sentó con los más flacos.
Le tomó la lista entera
y le puso su asistencia;
le encargó la papelera
y el aseo con paciencia.
Llegó el timbre de salida
y la flaca no acabó;
hoy le dicen consentida
porque nunca reprobó.
Evelyn, la estilista
Evelyn peina y matiza
en su salón de la esquina;
llegó la flaca, y se riza
los tres pelos, la Catrina.
-Quiero un tinte colorado
y unas luces de a montón.
Evelyn, muy con cuidado,
revisó bien el cajón.
No encontró ni una melena
donde echar el colorante;
le pintó la calavera
de morado y de brillante.
Se miró y se sonreía,
tan contenta y tan bonita,
y olvidó lo que quería:
hoy regresa a cada cita.
Evelyn en el banco
Evelyn cuenta billetes
en la caja tres del banco;
llegó la flaca con siete
costalitos de hueso blanco.
-Yo quiero abrir una cuenta
para todo mi tesoro.
Evelyn le pidió, atenta,
una firma y algo de oro.
La huesuda no tenía
credencial ni dirección;
y en la bolsa que traía,
nada más hueso y cordón.
La mandaron a la fila
con su turno y su cordel;
y ahí sigue, tan tranquila,
esperando su papel.
Evelyn y el crucero
Evelyn, en el crucero,
dirige con su silbato;
llegó la flaca primero
manejando un aparato.
Se pasó la luz en rojo
y rayó dos banquetitas;
Evelyn le echó buen ojo
y le puso tres multitas.
-No me multe, soy la muerte,
yo trabajo pa'l gobierno.
-Pues qué bueno, y por su suerte,
se la cobro hasta el invierno.
Se llevaron su carrito
al corralón de la esquina;
hoy camina un buen ratito
y no gasta gasolina.
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