Calaveritas literarias para Estefanía

Estefanía responde igual a Fani, y con cualquiera de los dos nombres se le arma el verso. La huesuda la ha buscado en el salón, en el hospital, en la oficina y hasta en el mercado, y siempre acaba formada o trabajando. Estas van para dedicarle en el altar o por mensaje.

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Fani y su mochila

Fani llega a su salón con mochila de algodón; la calaca se sentó y la clase comenzó. -Vengo por Estefanía, dijo la calaca fría. -Vuelva usted por la mañana, que hoy me toca la campana. La calaca la esperó y en la banca se durmió; Fani ya se fue a su casa y la flaca ahí la pasa.

Estefanía, mi mamá

Mi mamá, Estefanía, no descansa ni un ratito; me despierta cada día y me deja mi lonchito. Llegó la flaca a la puerta preguntando por mi madre; mi mamá ya estaba alerta con la escoba y con mi padre. No la corrió, la sentó en la mesa de la casa; un café le preparó y le dijo lo que pasa. La huesuda se quedó a cenar y a platicar; y el encargo se olvidó: hoy nos viene a visitar.

Fani, la enfermera

Fani pone la inyección sin que duela ni tantito; la Catrina, en un rincón, esperaba su turnito. -Vengo por el de la cama número catorce y medio. Fani dijo: -Se le llama al doctor, que hay buen remedio. Le tomó signos vitales y no halló ni un latidito; la mandó con los normales a formarse un buen ratito. Le pusieron su pulsera y le abrieron expediente; hoy la flaca, muy sincera, sigue ahí como paciente.

Estefanía y sus cuentas

Estefanía echa cuentas con su lápiz de color; y le cuadran las cuarenta nóminas del director. Llegó la flaca a cobrarle una deuda muy oscura; Fani, para no enfadarle, le pidió firma y factura. La calaca no traía ni el recibo ni el sellito; Fani, con su cortesía, la mandó por el escrito. Ya llevaba doce vueltas por la firma del gerente; y hoy, con las cuentas resueltas, checa su entrada de gente.

Fani, la costurera

Fani cose los vestidos de la novia y la madrina; le llegaron dos pedidos de la mismita Catrina. -Quiero un traje de alta gala, con encaje y con listón. Fani la midió en la sala con su cinta y su carbón. Le sobró de la cintura y le faltaba de arriba; le rellenó la costura y quedó como una diva. Salió al baile tan luciente que ya nadie la temía; hoy le ayuda diligente y le cobra cada día.

Fani en el mercado

Fani vende en el mercado chile verde y jitomate; llegó la flaca al mandado por su kilo de aguacate. -Deme todo lo barato y regáleme el pilón. Fani le contestó al rato: -Se acabó, no hay ni un limón. La flaca se puso lista y escondió dos aguacates; pero Fani tiene vista y le halló hasta los tomates. Se los cobró con recargo y le dio bolsa de tela; hoy la flaca, sin embargo, le acomoda la ciruela.

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