Calaveritas literarias para Estefanía
Estefanía responde igual a Fani, y con cualquiera de los dos nombres se le arma el verso. La huesuda la ha buscado en el salón, en el hospital, en la oficina y hasta en el mercado, y siempre acaba formada o trabajando. Estas van para dedicarle en el altar o por mensaje.
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Fani y su mochila
Fani llega a su salón
con mochila de algodón;
la calaca se sentó
y la clase comenzó.
-Vengo por Estefanía,
dijo la calaca fría.
-Vuelva usted por la mañana,
que hoy me toca la campana.
La calaca la esperó
y en la banca se durmió;
Fani ya se fue a su casa
y la flaca ahí la pasa.
Estefanía, mi mamá
Mi mamá, Estefanía,
no descansa ni un ratito;
me despierta cada día
y me deja mi lonchito.
Llegó la flaca a la puerta
preguntando por mi madre;
mi mamá ya estaba alerta
con la escoba y con mi padre.
No la corrió, la sentó
en la mesa de la casa;
un café le preparó
y le dijo lo que pasa.
La huesuda se quedó
a cenar y a platicar;
y el encargo se olvidó:
hoy nos viene a visitar.
Fani, la enfermera
Fani pone la inyección
sin que duela ni tantito;
la Catrina, en un rincón,
esperaba su turnito.
-Vengo por el de la cama
número catorce y medio.
Fani dijo: -Se le llama
al doctor, que hay buen remedio.
Le tomó signos vitales
y no halló ni un latidito;
la mandó con los normales
a formarse un buen ratito.
Le pusieron su pulsera
y le abrieron expediente;
hoy la flaca, muy sincera,
sigue ahí como paciente.
Estefanía y sus cuentas
Estefanía echa cuentas
con su lápiz de color;
y le cuadran las cuarenta
nóminas del director.
Llegó la flaca a cobrarle
una deuda muy oscura;
Fani, para no enfadarle,
le pidió firma y factura.
La calaca no traía
ni el recibo ni el sellito;
Fani, con su cortesía,
la mandó por el escrito.
Ya llevaba doce vueltas
por la firma del gerente;
y hoy, con las cuentas resueltas,
checa su entrada de gente.
Fani, la costurera
Fani cose los vestidos
de la novia y la madrina;
le llegaron dos pedidos
de la mismita Catrina.
-Quiero un traje de alta gala,
con encaje y con listón.
Fani la midió en la sala
con su cinta y su carbón.
Le sobró de la cintura
y le faltaba de arriba;
le rellenó la costura
y quedó como una diva.
Salió al baile tan luciente
que ya nadie la temía;
hoy le ayuda diligente
y le cobra cada día.
Fani en el mercado
Fani vende en el mercado
chile verde y jitomate;
llegó la flaca al mandado
por su kilo de aguacate.
-Deme todo lo barato
y regáleme el pilón.
Fani le contestó al rato:
-Se acabó, no hay ni un limón.
La flaca se puso lista
y escondió dos aguacates;
pero Fani tiene vista
y le halló hasta los tomates.
Se los cobró con recargo
y le dio bolsa de tela;
hoy la flaca, sin embargo,
le acomoda la ciruela.
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