Calaveritas literarias para Camila

Dicen que cuando la Catrina busca a una Camila, mejor lleva paciencia, porque nunca la encuentra quieta. Estas calaveritas están dedicadas a las Camilas de todos los oficios: la escolar, la madre entrañable, la veterinaria, la bailadora, la de las fotos y la contadora que no perdona ni un centavo. Ideales para leer en el altar, en el salón o para dedicar entre risas.

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Camila y su mochila

Camila lleva a la escuela su mochila de colores, un cuaderno de acuarela y un frasquito con dos flores. La calaquita curiosa se metió en su lonchera: -Traigo hambre, niña hermosa, préstame tu torta entera. Camila, muy generosa, le partió su torta en dos, y la flaca, cariñosa, le dio un beso y dijo adiós. Y ahora, cada mañana, la calaca va a la escuela, se acomoda en la ventana y le cuida la acuarela.

Camila, madre bonita

Camila, madre bonita, de manos de pan caliente, tu cariño resucita cuando el copal está ardiente. Te llevó la Catrina por senderos de flores, y dejaste en la cocina tu sazón y tus olores. Hoy pusimos tu retrato con tu mole y tu café, y aunque el tiempo fue ingrato, en tu silla te esperé. Que la flaca no se ofenda si te tardas un ratito: esta casa es tu hacienda y tu sitio, infinito.

La veterinaria Camila

Camila cura perritos, gatos, loros y tortugas; les da besos y grititos y les quita las verrugas. Llegó la muerte, muy seria, con su perro de ultratumba: -Trae una extraña miseria: ladra, aúlla y se derrumba. Camila lo revisó, le encontró un hueso de más; se lo quitó, lo curó y le dio croquetas y paz. La Catrina, conmovida, le firmó un certificado: -Tienes cien años de vida por sanar a mi encargado.

Camila en el baile

Camila baila folclor con su falda de listones; zapatea con primor y levanta los talones. La huesuda quiso entrar al jarabe tapatío, y empezó a zapatear con un hueso medio frío. Al tercer taconazo se le zafó una rodilla, y salió como un balazo rebotando en la orilla. Camila siguió el son hasta que salió la luna; la Catrina, en un rincón, la aplaudió sin queja alguna.

Camila y sus fotos

Camila vive en la nube subiendo su tutorial; lo que baja, lo que sube, lo comparte en el portal. La Catrina la siguió para verla presumir, y un buen día comentó: -Ya te toca, ven, salir. Camila, sin despeinarse, le pidió una selfie antes; la calaca, al retratarse, salió con ojos brillantes. Se hizo viral la calaca, juntó un millón de seguidores, y olvidó, la muy bellaca, sus asuntos y labores.

La contadora Camila

Camila saca las cuentas con calculadora en mano; no se le escapan las ventas ni un centavo del verano. Llegó la flaca con su lista y una cuenta muy crecida: -Pasa a caja, cara vista, que se acaba tu partida. Camila sacó el Excel y encontró un error fatal: -Le sobró un cero al papel y le falta el timbre fiscal. La Catrina, avergonzada, recogió su papelito, y se fue de madrugada sin llevarse ni un centavito.

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